
En un post anterior nos referimos al cuento “La ofrenda de piedra” de Ciro Alegría. Aquí ahondaremos en el tema de la piedra como símbolo en la cosmovisión andina en relación al análisis etimológico del término <apacheta> y el rol trascendental de las apachetas en los viajes por el antiguo Perú.

La obra del maestro Rodolfo Cerrón-Palomino le abre los ojos de la historia al viajero a través de la Linguística. Al descubrir el significado histórico de las apachetas “La ofrenda de piedra” de Alegría cobra un significado mucho más rico; diríamos, total. El relato de Alegría narra parte de la cosmovisión andina explicitada en las apachetas, las que el viajero puede encontrar sólo -como bien dice el Dr. Cerrón-Palomino – “en los lugares más tortuosos e inaccesibles de los Andes”. Apacheta es una de las Voces del Ande recogidas y meticulosamente analizadas por el renombrado investigador, un texto que el viajero informado sabrá apreciar con gratitud.

A continuación un extracto libre de la explicación del término apacheta que presenta nuestro autor en uno de sus ensayos sobre onomástica andina:
“(… )los Serranos adoran los montones de piedras que hacen ellos en las cumbres de montes, que en el Cusco se llaman Apachitas”
Polo de Ondegardo (1559)
Con el nombre de apacheta se designa a los montículos de piedra acumulados en lugares especiales, principalmente en las cumbres de los cerros, por los caminantes indígenas que transportaban cargas pesadas, a manera de ofrenda simbólica a sus divinidades para que estas los aliviaran de las fatigas del cansancio de sus trajines (…) Se trataba de un significado bastante concreto, pero estrechamente ligado a un acto de profunda devoción trascendental (…) Las cumbres y los pasajes cordilleranos eran también objeto de veneración dentro de la religiosidad andina, los que a su vez eran motivo de manifestaciones votivas en los trajines de los viajeros abrumados por las cargas que llevaban.
Combatidas tenazmente por los extirpadores (…) descritas como una curiosa preservación de antiguos ritos por los viajeros del siglo XIX, ridiculizadas por la escuela y profanadas por las vías terrestres de comunicación modernas, las apachetas apenas si subsisten, como práctica de indios y mestizos, en los lugares más tortuosos e inaccesibles de los Andes. Aquí y allá quedan, sin embargo, derruidas cuando no enterradas, la huellas materiales de su presencia. Como van las cosas, en tiempos no muy lejanos desaparecerán sus vestigios, y entonces el mismo vocablo devendrá obsoleto, y pasará a formar parte del léxico institucional inerte del universo andino, como tantos otros que enmudecieron al dejar de ser funcionales.

No creo que exista mejor explicación que la del Dr. Cerrón-Palomino. Sin embargo, no dejamos de discrepar con él cuando anuncia la pronta desaparición de los vestigios materiales y el uso linguístico de la apacheta. El viajero -indio, mestizo, extranjero- que recorre el Perú a pie mantendrá vigente ese rito andino ancestral . En ese sentido, el viaje se presenta como la manera idónea para perpetuar parte del vastísimo acervo cultural del hombre del Ande. Las apachetas representan de un lado, el vigor de los caminantes, su devoción por el “camino abierto”, su agradecimiento por el buen viaje y de otro, el legado del antiguo peruano que recorrío el mismo territorio de la misma manera. La apacheta constituye entonces parte de la “etnósfera”(i) peruana que, como algunos elementos de la biósfera, también puede sucumbir a la extinción.
La inmensa carga simbólica de la apacheta la convierte en una suerte de “poema escrito de piedra” originario de una cultura que no conoció la escritura tal y como la define Occidente. Es una especie de poema lítico. Sumados al deber de preservar el entorno natural que rodea la ruta que recorre, el viajero tiene la dura -y satisfactoria- carga de transportar una piedra a ofrendar, levantar una apacheta y así prolongar indefinidamente un ritual tan antiguo como la piedra misma.

(i) Término acuñado por Wade Davis, antropólogo-etnobotánico canadiense
Gracias por la información… completa e interesante. También considero que no será fácil que desaparezca su uso, tal vez sufra una mutación y se adapte a otros significados no tan espirituales. Las he podido observar en senderos ecológicos que recorren los turistas interesados en conocer y disfrutar sitios naturales. Desde Chile en sus Torres del Paine y Puerto Rio Tranquilo, hasta Colombia en el Desierto de la Tatacoa y en algunas montañas de la cordillera centra, pasando por Ecuador y Perú desde luego. Hé oído de su uso y práctica en Tenerife, en Grecia, en Escandinavia y seguramente se seguirá extendiendo usando los turistas y viajeros como vehículo. Tal vez, será una lástima que no se reconozca su origen o no se investiga mas sobre el mismo. Tal vez para el viajero de hoy que no este interesado mas allá en su práctica, terminará dando otra interpretación. Gracias al Dr. Cerron-Palomino y a este blog por dedicarle un poco de tiempo y espacio a esta práctica sencilla, pero llena de tradición y espiritualidad.
Saludos
Una práctica sencilla, llena de espiritualidad. Tal cual Jairo.
Saludos!