G. E. Squier
Más de Peru: Incidents of travel and Exploration in the Land of the Incas(1877);

“Desde arriba se llega al puente, que parece un simple hilo, por una senda que en uno de los lados traza una línea delgada y blanca en la cara de la montaña y por la cual el viajero más audaz puede vacilar en aventurarse a bajar. Al otro lado la senda desaparece de inmediato detrás de una repisa rocosa, en la que hay espacio justo para la choza del guardían del puente, y atraviesa luego un oscuro túnel (las fotos de este túnel aparecen en un post anterior) cortado en la roca, del que emerge para trazar su línea de muchos empinados y aburridos zigzags (en Curahuasi esta sección es conocida como “Siete Vueltas”) cara arriba de la montaña. Es habitual que el viajero regule su viaje del día para llegar al puente temprano por la mañana, antes de que se presenten los fuertes vientos, pues durante la mayor parte del día barren con gran fuerza el cañón del Apurímac y entonces el puente oscila como una hamaca gigantesca y es casi imposible atravesarlo.

(…) Meciéndose a gran altura en una graciosa curva, entre losprecipicios de ambos lados, con aspecto maravillosamente frágil y sutíl, estaba el famoso Puente del Apurímac.
Medimos cuidadosamente el largo y la altura del puente y comprobamos que tenía 45 metros de longitud, de amarra a amarra, y que en su parte más baja estaba a 35 metros sobre le río. Markham, que lo cruzó en 1855, estimó el largo en 27 metros y la altura en 9 metros.”
