Samaca: donde el viento descansa
Hace tiempo nos perdimos en el desierto de Ica. Mucho más al sur de Paracas (“donde arrecia el viento”) llegamos a Samaca, “donde el viento descansa”. Encontramos esta construcción que tal vez fue la obra de un poderoso señor, o tal vez sólo lo imaginé. Ozy, pensé:

Caminando por el arenal se perciben las huellas del pasado en rededor a las nuestras. El desierto se empeña en mostrarse esquivo, en él laten las unseen existences de Whitman.

Aquí las estribaciones de los Andes -como los ríos, van a dar a la mar. Nunca me había puesto a pensar en que la Cordillera continúa desplomándose sumergida en el Pacífico. Prueba de ello son sus picos más altos, a los que llamamos islas. Ellas sobre-viven al mar. Recordé haber leído acerca de esta idea en Desiertos Vivos, una obra de la Colección APU de AFP Integra (escriben Barrón, Benavides, Brignardello, Wiese entre otros).
La corriente de Humboldt, un río invisible y helado en el océano, es otra de estas existencias ocultas que determinan el Perú. Hace siglos Heráclito había dicho A la naturaleza le encanta ocultarse.

La idea del desierto está inexorablemente ligada a la de sed, de sol y por oposición a la de sombra. Se sabe que los Nazca de Cahuachi no habrían podido vivir en el desierto sin la bendición del Huarango. Muy lejos de Nazca otros hombres del mismo desierto -al que llaman Sahara- encuentran en la barriga del Baobab el antídoto para su sed.

Al Baobad lo conocen como el árbol al revés porque sus ramas semejan raíces. En Samaca percuten los ritmos de Ndéleng Ndéleng (http://www.youtube.com/watch?v=q_S9OQtI8gA)
El número diez de la revista Umbral rescata la nobleza del Huarango milenario. La cita del editorial es exacta, científica: Sería posible imaginar una naturaleza sin el hombre. Los árboles respirarían aliviados. Pero no es posible imaginar la vida del hombre sin árboles. (Iván Rabinovich).

Descansando a su sombra, Jose María reparó: los huarangos dejan pasar el sol, pero quitándole el fuego. Encuentro a Arguedas por todo el Perú. Me sorprendió la capacidad de la literatura para expresar la ciencia.

Hoy el Huarango está en peligro. En el norte -donde ya casi no existen- le llaman algarrobo y es una ironía nefasta, una injusticia absurda saber que el Huarango libró al hombre del fuego para que luego lo tale y tire al fogón. Es una c_ncha seguir usando carbón vegetal de Huarango para el pollo a la brasa. Es increíble pero la demanda parrillera terminará con el Huarango que cobijó a los antiguos peruanos.
